Para Mikhail Bakhtin, as festividades "são uma forma primordial, marcante, da civilização humana", logo, a festa, o carnaval e a cidade, são convidados especiais deste espaço.
Soy de la época en que el quiosco de diarios era una de las puertas de observación del mundo. La variedad de productos que salían del enorme parque gráfico brasileño encontraba, en los kioskos, un puerto seguro de anclaje.
En Río de Janeiro, un kiosko bien ubicado se encuentra, generalmente, frente a la panadería.
Panadería y kiosko de diarios son una dupla imbatible.
Perdí la cuenta de las veces que seguí el ritual matutino: apoyado en el mostrador de la panadería, echándole un vistazo a los titulares de los diarios que colgaban en los quioscos, mientras movía la cucharita en la taza para enfriar el café. Siempre esperando el pan con huevo, yema blandita, que el mozo ponía en la plancha apenas me veía subir los tres escalones que separan la vereda del local. Podría jactarme y decir que tenía prestigio en ese lugar. Estaría faltando a la verdad. La mayoría de los clientes son atendidos con la misma presteza y gentileza. Conviene aclarar que los gustos y preferencias son tan diversos como diversos son los títulos de los diarios, semanarios y revistas que habitan el universo del quiosco. Y, aun así, la posibilidad de error en la entrega del pedido es mínima, por no decir inexistente. Solo para quedarnos en el pan con huevo, tenemos: yema blandita, yema dura, en su punto, tostadito, aplastado, con pan en la plancha, con pan sin calentar, con sal, sin sal, con una feta de jamón, y así siguiendo. ¿Quieren ver diversidad de gustos? Pasen y vean, muchachos: diez minutos en una panadería con movimiento es más que suficiente.
Duque de Caxias fue la panadería que frecuenté por mucho tiempo. Desde el mostrador se tiene una visión global del quiosco de Santos, en pleno corazón del barrio de Leme. Local familiar trabajado por el padre, por el hijo más chico y por Santos, el mayor de la familia. Hiciera lluvia, sol, frío o calor, las puertas se abrían temprano y los títulos desfilaban garbosos, llamando la atención del público que, generalmente, se empujaba y estiraba los ojos en los costados para tratar de sacar algún provecho de las noticias del día. Medio titular era suficiente para hacer del lector un ciudadano feliz o infeliz. Victoria del Flamengo, Fluminense, Botafogo, etc.: felicidad. Inflación, aumento de alquileres, nafta, violencia policial: infelicidad. Pocos comentarios, es verdad, pero muchas miradas cómplices que se diluían cuando cada uno tomaba el rumbo de las obligaciones diarias.
Bueno, esos kioskos ya no existen más. Así como no existe el placer de abrir y hojear un diario sentado cómodamente en la mesa de un bar. El otro día hice esa experiencia: entré en un mix de bar y restaurante, elegí una mesa para dos, pedí una cerveza tirada y yo, que siempre fui lector del Jornal do Brasil, abrí tranquilamente el diario O Globo. Cuando di vuelta la tercera página noté que buena parte de los parroquianos me miraban sorprendidos. Me imagino que algún pibe debe haber preguntado: ¿qué está haciendo ese señor en esa mesa? Perdí la concentración, me tomé la birra, pero mantuve la dignidad: no saqué el celular del bolsillo.
Aquellos puestos de diarios evocados por Caetano Veloso en “Alegría, Alegría”, canción que fue el punto de partida del movimiento Tropicalista en 1967, no existen más. Caetano preguntaba: “El sol en los puestos de revistas / me llena de alegría y pereza / ¿Quién lee tanta noticia?”.
Pregunta contemporánea que aumenta nuestra dificultad de tratar de entender el mundo que nos toca vivir. Tampoco existe El Sol.
¡Pará, pará, esperá! No estoy hablando del astro rey, me refiero —y el mano Caetano también— al SOL, suplemento del Jornal dos Sports que llegaba a los puestos en 1967, por iniciativa de Reynaldo Jardim y la periodista Ana Arruda Callado. Duró poco, pero parece haber sido una trinchera por la cual pasaron los periodistas, cronistas y caricaturistas que poco tiempo después estarían colaborando en las publicaciones alternativas que resistían a la dictadura: Pasquim, Opinião y el diario Movimento.
Hoy esa observación se da por los portales que se multiplican diariamente por el sistema de información global creado por Tim Berners-Lee en 1989. Por cierto, un año emblemático que empezó mal, con el naufragio del Bateau Mouche durante el año nuevo de Copacabana. En ese año Brasil elegió al cazador de marajás; cayó el muro de Berlín; falleció Salvador Dalí; se acabó la guerra fría; el solitario profesor que enfrentó los tanques chinos en la Plaza de la Paz Celestial desapareció; Salman Rushdie tuvo su cabeza a precio por el Ayatolá Jomeini después de publicar su libro Los Versos Satánicos. Podrás no creerlo, pero en ese año también el club Vasco da Gama fue campeón brasileño por segunda vez.
Bueno, los puestos de diarios tuvieron que reinventarse también. Hoy son almacenes de conveniencia. Venden café, gaseosas, cerveza fría, picadas; artículos electrónicos chiquitos; chips para celulares; algunos cuentan con espacio para publicidad. En la región central de la ciudad, los puestos disputan el happy hour con los boliches más tradicionales. En algunos, como el puesto de André, ahí en la calle Pedro Lessa, entre el Centro Cultural de la Justicia Federal y la Biblioteca Nacional, cuando hay noche de joda, es posible encontrar a las más diversas tribus urbanas confraternizando y disfrutando música de la mejor calidad.
Todo eso me pasó por la cabeza cuando, al pasar por un puesto chiquito de diarios en la recta de la ciudad serrana de Teresópolis, me topé con la tapa de la revista Caras que traía una foto de Xuxa siendo lamida en la cara por su perra Doralice. El titular prometía: La Intimidad de Xuxa en Altamar. Confieso que después de las historias con el perro de Milei y de las noticias de la mansión de Manuel Adorni en Country Indio Cuá Golf Club, preferí, aunque picado por la curiosidad, pasar de largo de la oferta sin enterarme de las lamidas que podrían haber sido dadas en la intimidad. Inmediatamente me acordé de la revista Bundas (Culos, en español) y su eslogan redondito: “Quien muestra el culo en Caras, no muestra la cara en Culos”.
Como envelhecer bem? Existe uma fórmula para uma boa velhice? Neste episódio do Velhices Podcast, recebemos Ana Cláudia Quintana Arantes, médica geriatra, especialista em cuidados paliativos e escritora, para uma conversa profunda e necessária sobre o envelhecimento e tudo o que envolve viver bem ao longo do tempo. Ao longo do episódio, falamos sobre preparação para a velhice, equilíbrio emocional, planejamento financeiro, saúde, autonomia, relações, propósito e os pequenos prazeres da vida que muitas vezes deixamos pelo caminho — mas que fazem toda diferença para envelhecer com dignidade e qualidade de vida. Uma conversa sensível, direta e cheia de reflexões sobre o presente e o futuro que todos nós estamos construindo. 🕰️
Neste episódio você vai encontrar temas como:
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Estamos compartilhando o terceiro episódio do Velhices Podcast organizado por nossa colaboradora Andrea Estevão.
No terceiro episódio do Velhices Podcast, recebemos a Dra. Chrystina Barros para uma conversa sensível e cheia de reflexões sobre felicidade e envelhecimento. Ao longo do episódio, exploramos como a felicidade se transforma com o passar dos anos, os desafios do envelhecimento, aposentadoria, recomeços e as muitas nuances que fazem parte dessa fase da vida. A Dra. Chrystina também compartilha experiências pessoais e perspectivas valiosas sobre viver com propósito, autonomia e consciência. Uma conversa humana, acolhedora e necessária para todas as idades. 🔔 Inscreva-se no canal, deixe seu comentário e compartilhe este episódio. Nos siga no Instagram: @velhicespodcast
SANTO DE FÉ Paulinho Moura, Jorgito Sapia e Andrea Estevão
Santo de fé Não importa o credo Jorge, dai-me O vigor do teu galope, Tua coragem e ousadia Apruma minha espada Pois que preciso…enfrentar Um dragão Todo dia.
Jorge, Ogum, Oxóssi Estou na precisão, Proteção, meu santo, eu peço. Canto, em respeito e gratidão Ao pé do altar, agradeço Num sussurro de oração. Linda Alvorada! De alegria e devoção Linda Alvorada! De alegria e devoção
A ti, cravo e rosa vermelha, vela, cerveja crista de galo Chapéu na mão Contrição e festa. Ouço repicar os sinos, Pipocar os fogos Ressoar a sentinela Meu santo Estou pronto Pra enfrentar qualquer procela!
Domingo á tarde estava posto em sossego no pátio interno do Sesc Copacabana. Na verdade, aguardava que a bilheteria liberasse o ingresso para assistir O Auto da Compadecida. Texto delicioso de Ariano Suassuna. Agora, com roupagem renovada pela direção de Gabriel Vilela e uma -tinha lido – memorável encenação do Grupo Maria Cutia, das Alterosas.
Ingressos esgotados, mas, cheio de esperança, torcia para que liberassem os lugares não ocupados por desistência dos convidados. Tinha tentado, junto com a companheira, comprar na noite anterior, mas, lamentavelmente, encontramos a bilheteria fechada.
Nessa tarde de domingo, a informação que recebemos foi clara: há uma fila de espera, sem senha, sem nome e, pasmem, sem fila. Essa precisa informação me fez lembrar do saudoso Alfredo Jacinto Mello, o Alfredinho do Bip Bip e do único samba que ele compôs, em parceria com Paulino do Cavaco, cujo refrão é uma síntese precisa do que o futuro poderá trazer quando certas circunstâncias conspiram em conjunto para um desfecho infeliz: É roubada! É roubada!
Tava aí, no compasso de espera de uma espécie de Deus dará cujo veredito final se tornaria público as 18:05 h. Claro que lembrei do Caetano e Chico e respondia pra mim mesmo, e se Deus não dá, como é que vai ficar, ó nega?
Aparentemente nossa posição era na zaga, detrás de uma senhora que deveria estar no pátio interno do Sesc. Com essas informações saímos a procura da não fila. Olhamos para um lado e pro outro e reconhecemos duas amigas. Cumprimentos de praxe, sacamos logo, pelo animado converse, que os ingressos estavam na mão delas. Vimos outros dois pequenos grupos. Perguntados se estavam na fila responderam que assistiriam a outra peça em cartaz. Finalmente, no canto direito, solitária e na espera, descobrimos quem nos precedia na fila.
Mapeamento feito, ouvi entrar uma mensagem no celular. Era um texto do amigo Paulo Baia. O texto, generoso, comentava uma postagem minha feita dias antes no Instagram. Estava concluindo a leitura do segundo parágrafo quando ouvi alguém falar,
– Atenção, 5 minutos para a hora agá.
Larguei a leitura e dirigi meu olhar à bilheteria. Acho que por associação fonética o agá me fez lembrar da murga uruguaia Agarráte Catalina! Expressão popular Rioplatense utilizada para alertar que algo complicado vai acontecer. O nome é, em si mesmo, uma evocação à proximidade do caos. Foi o que aconteceu nos minutos seguintes.
A tese central do Manifesto Comunista, parceria da dupla dinâmica Frederico e Carlitos, se materializou na minha frente feito um letreiro de led iluminando meu desconcerto com a frase: Tudo o que é sólido desmancha no ar. De fato, vinha gente de todo lugar e não era, precisamente, o Pagode do Vavá.
Todos, conforme conseguimos entender, alegavam ter chegado primeiro. Eu achava, comentei acima, que estava, com todo respeito, atrás da senhora sentada no banco a direita do pátio. Senhora que, por sinal, questionava os argumentos de um casal que se apresentou como sendo hóspedes do hotel do Sesc. A senhora era, em certo sentido, nossa aliada na disputa dos primeiros lugares. Consegui balbuciar uns argumentos que foram do seu agrado. Parece que, sentindo-se empoderada pela minha fala, tratou de desqualificar o relato dos turistas. Assim como não quer nada perguntou minha nacionalidade. Argentino, respondi, e ela, olhando para os turistas afirmou que os Argentinos tinham uma cultura superior, não como Brasil, -“aqui ninguém respeita nada”. Concluiu a madame.
Pronto! Entornou o caldo. Nada me irrita mais que complexo de vira-latas, acrescido de não velada militância mileista então nem se fala, subo nas tamancas. Os hóspedes que, teoricamente, disputavam comigo os lugares vagos, viraram aliados quando me ouviram falar que o viralatismo mileista era o meu limite de cordura.
Que diria Suassuna? Que certamente a senhora tinha viajado a Disney! Daí sua valorização de culturas estrangeiras em detrimento da nacional. Eu sou da escola do mestre, para ele a humanidade se divide em duas metades: de um lado, aqueles que concordam com ele e gostam dele; do outro, os equivocados, isto é, quase ninguém, como diria Lulu Santos nos versos que eu tinha evocado dias antes ao tomar conhecimento da internação do filhote do cruz credo.
Pois é, foi essa referência a Lulu “Não desejamos mal a quase ninguém” que Paulo Baia se encarregou de esmiuçar, com a delicadeza que o caracteriza, no texto que me enviou e que eu, agora, com o ingresso na mão e placidamente sentado de frente pro palco, retomei a leitura antes de começar o espetáculo. Reli, depois, feliz e satisfeito, na tranquilidade do bar.
O texto do Baia me fez lembrar muita coisa. Primeiro, uns versos que Belchior escreveu em 1976. Versos que também dialogam hoje, com outro texto sobre a velhice que Baia também escreveu recentemente motivado pela partida de um amigo comum. Lembram disso:
Presentemente, eu posso me
Considerar um sujeito de sorte
Porque apesar de muito moço
Me sinto são, e salvo, e forte…
Pois é, 1976 foi o ano que cheguei no Rio. Cidade que foi meu porto seguro. Que me acolheu e aqui tive dois filhos, dois netos e uma neta do coração. Naquele tempo, com 21 anos tinha conseguido fugir das garras da ditadura cívico, eclesiástica e militar argentina e depois do persegue de atravessar a fronteira, me senti, em terras cariocas, são e salvo, e forte e, claro, não tinha como não sentir na alma e na carne essa experiência vital de vida à qual Belchior se referia:
Tenho sangrado demais
Tenho chorado pra cachorro
Ano passado eu morri
Mas esse ano eu não morro…
Estava eu nessas cavilações, viajando por uma história que Baía alinhavou com total delicadeza, lembrando de inúmeros encontros aonde fomos, com toda certeza, felizes. E lá ia eu, passeando a gosto pelas lembranças da luta pelas diretas, pelo riscado na parafina nos salões da Estudantina, pelo Circo Voador, pelas domingueiras do Paulo Moura no Parque Lage, pelo cabrito no Capela, pelos corredores do IFCS, pelos blocos da retomada carnavalesca quando, da coxia, saíram os primeiros acordes do clássico de Sérgio Sampaio e foi aí então, nessa mistura de leitura e figurino, de cortejo e audição, de mistério e de magia produzida por um coro que foi aumentando cantando ao uníssono e super afinado:
“Eu quero é botar meu bloco na rua…”
Foi nesse preciso momento que deu para perceber que somos parte da humanidade que gosta de se reconciliar consigo mesma. E esses meninos de Minas hein? Esse pessoal do Grupo Maria Cutia, que beleza! Simplesmente, maravilhosos!
Ô trem bão, sô!
Ps. Aproveito o ensejo e deixo uma parceria com meu amigo Maguila do Quintal. Samba que recupera essas agradáveis lembranças. Espero que curtam.
“Las sociedades humanas han sentido la necesidad de regenerarse de manera periódica con ceremonias de expulsión anual de los demonios, enfermedades y pecados, con rituales que simbolizan la vuelta momentánea al caos, la abolición temporal del orden social y de la jerarquía”. (ELIADE, MIRCEA: El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza, 2011).
Sobre a importância da periodicidade das festas.
As festas são ocasiões de reavivamento dos laços, reafirmação do grupo como unidade e elo de pertencimento e da própria natureza de seres sociais. Nesse sentido, a festa é uma força no sentido contrário ao da dissolução social.
Na avaliação de Durkheim sobre festas se destacam três aspectos: a suspensão da distância entre os indivíduos; a produção do estado de efervescência coletiva; a transgressão das normas coletivas. Esses três aspectos agem de forma sinérgica. A suspensão das distâncias tem grande relevância na vida social, na medida que os laços tendem a se perder com o tempo, as atribulações do cotidiano, a distância. Festas e cerimônias religiosas, são ocasião em que os valores sociais são reafirmados, a festa é, portanto, situação de manutenção de coesão social. (idem, p. 26-27)
Conceito polissêmico de festa
Para Durkheim, no seu texto “As formas primitivas de classificação”, o conceito pode ser visto como:
“ato coletivo ritualizado, de caráter essencialmente sagrado, próprio das chamadas sociedades primitivas e que decairia com a laicização e o individualismo próprios da sociedade contemporânea”.
Em Totem e Tabu, Freud considera a festa como:
“…interrupção programada da vida cotidiana, ou mesmo inversão completa, como forma de descarregar energias e tensões reprimidas”.
Duvignaud, considera as festas como “…instauração do caos da natureza, negação da ordem social, subversão.”
Bakhtin considera a festa como sendo uma
“…manifestação coletiva especificamente popular, caracterizada pelo riso, pela alegria transbordante, pelo grotesco”.
“As festividades…são uma forma primordial, marcante, da civilização humana(…)tiveram sempre um conteúdo essencial, um sentido profundo, exprimiram sempre uma concepção de mundo” que emana dos fins “superiores da existência humana, isto é, do mundo dos ideais. Sem isso, não pode existir nenhum clima de festa” (p.7-8)
O carnaval era para Bakhtin, “o triunfo de uma espécie de liberação temporária da verdade dominante e do regime vigente, de abolição de todas as relações hierárquicas, privilégios, regras e tabus. Era a autêntica festa do tempo, a do futuro, das alternâncias e renovações.” (8-9)